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Los tiempos en los que no existía la Marca España

Los tiempos en los que no existía la Marca España

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Los tiempos en los que no existía la Marca España

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Hoy no hablo de Instagram, pero sí de imagenes y de algo que hace tiempo que quería retratar a través de palabras.. El lugar donde hoy se ha jugado un gran partido Francia – España.

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cazeneuve_saint denis franceHoy queda poco de aquel barrio obrero de Paris llamado La Plaine Saint Denis , colonizado por cientos de descendientes de republicanos exiliados y trabajadores buscando empleo lejos de su querida Extremadura. En los años sesenta, era tal la concentración de “los nuestros” que los franceses lo habían denominado  “La Petite Espagne”.

No tenía ni el sol radiante de la península, ni sus playas y se sobrevivía en condiciones “chabolescas”. No obstante, se respiraba unas ganas de vivir y una gran esperanza en un futuro mejor. En la calle se oía habitualmente un “La madre que te parió”. Hablábamos el Castellano y guardábamos el Francés únicamente para comunicarnos en la escuela. Recuerdo ese barrio,  “La Petite Espagne’, como la primer red social en mi vida.

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Una red social con distintos grupos comunitarios, muchas notificaciones públicas y voces entre balconadas, a modo de lo que es hoy un DM.  Ahí me crié, con un apellido español impreso en un carné de identidad francés.
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El ayuntamiento de Saint-Denis, bastión de la izquierda, siempre había querido la mejor integración social posible para nuestros emigrantes. Primero había regalado un solar y luego dinero para construir un frontón, una iglesia (con un cura español) y un dispensario médico. Allí, en ese pequeña “embajada improvisada” llamada Patronato Español, se podía palpar, especialmente los domingos, “la morriña” y el sueño de volver en cuanto lo permitiesen los ahorros.  España estaba a unos cuantos “sueldos” de tren y para sentirse felices los vecinos se reunían con una guitarra y unos pinchos, “sabor” a pimentón de La Vera.

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impasse boise saint denis franceEl barrio ostentaba el récord a la mayor concentración industrial  (y de accidentes laborales) del país vecino. Ofrecía empleo a todo aquellos “a quienes no se le cayesen los anillos”.

Lo poblaban en mayoría españoles, acompañado de algunos marroquíes y portugueses. Convivían en un barrio olvidado, con muy poco en común, una escasa formación y mucha necesidad por sacar sus familias adelante.

(foto: Impasse Boise)

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A través de mis ojos de niño, el barrio parecía animado. Estábamos rodeados de ruido, fabricas con altas chimeneas  y olores desconocidos para mi joven olfato.

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A unos escasos metros de nuestra casa pasaba una vía de tren de mercancías cuyo tráfico diario hacía temblar el frágil árbol de navidad en nuestro salón. Yo no estaba nunca en casa. Jugaba en la calle con otros niños y soñábamos todos con ser, jugador del Barça o del Madrid.  Pequeños soñadores despertados, por las mañanas, por el trasiego de camiones transportando productos tóxicos. Una noche ardió una planta química y se temió lo peor. Parecía el fin del mundo. El cielo se tiñó de amarillo y rojo. Salimos hasta en los informativos. Pasamos unos días fuera por riesgo de explosión, volvimos luego a casa y ya no volvimos a salir en la tele. Teníamos pocos juguetes pero mucha imaginación y pensábamos que el mundo, la Vida, era eso. Y por eso, era un niño casi siempre feliz. Casi…

A veces me ponía muy triste. Ocurría cuando algún niño francés me recordaba despectivamente que yo era español. El apellido González seguido de un Garcia no daban lugar a muchas dudas. “Tu padre será albañil y tu madre señora de la limpieza..” me decían. Y no se equivocaban mucho, la verdad.

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Point d'eau à l'angle de la rue Christino Garcia et de l'impasse du Chef-de-la-villeA esa época no teníamos ni Almodovar, ni Alonso, ni Nadal, ni la Reina, ni  menos “LaRoja” para cuidar nuestros corazoncitos.

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Lo teníamos que ganar a pulso, siendo los mejores jugando al fútbol, en clase o sencillamente haciendo prueba de unidad cuando se armaba alguna “gresca” con alguna otra comunidad racial. Hubo una semana de disturbios callejeros provocados por una disputa entre dos otros grupos étnicos y fue una de las únicas veces en mi vida que mis padres me prohibieron salir. Hubo muertos.

No obstante, entre españoles, yo me sentía protegido. No teníamos  bandera, ni escudos en el patio pero teníamos marcado en nuestro carnet, la marca España. Y la defendíamos porque realmente era lo único que teníamos claro. Ser españoles. No tenía que ver con el marketing, ni el turismo, ni los balances comerciales internacionales pero sencillamente con la necesidad humana de pertenencia a un grupo y el instinto de supervivencia.

Fuimos creciendo. Los más hábiles fueron integrándose en la sociedad francesa, a medida que la selección francesa iba “dando bola” a futbolistas como Daniel Bravo o Luis Fernández.  Los menos afortunados se quedaron en lo que, más tarde, realicé ser un “ghetto”. Y otras familias más suertudas regresaron a España con una merecida jubilación, cuando fue mejorando la economía.

(foto fuente esquina Cristino Garcia y Impasse Chef de la Ville)

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Regresé nostálgicamente, hace unos años, a “La Petite Espagne” o La Plaine, el barrio de mi infancia y del Grand Stade.

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stadedefranceGran parte del decorado se lo había llevado por delante la construcción del “Grand Stade” parisino pero el alcalde quiso conservar alguna calle en memoria a esa emigración española, motor de la recuperación posguerra en su ciudad.

Paseé por las calles, reconociendo rincones y recuerdos de escondites. Saqué unas fotos y fui a presenciar una final de Champions League. Ese año, se enfrentaban Real Madrid y Valencia. Dos equipos españoles luchando por el mayor título europeo, a unos escasos metros de donde, en su día,  existían chabolas rodeadas de fábricas, chimeneas y railes.

Aunque confeso merengue, me daba igual quien ganase la copa esa noche (como probablemente de irrelevante para el futuro de la Humanidad quedará quién ganó el partido Francia- España de esta noche) pero no me pasó desapercibido el aspecto de los aledaños del estadio que se parecían a cualquier de nuestras ciudades españolas. Cánticos, colores y Alegría.

Treinta años después recordé aquellos tiempos en los cuales, hijos de emigrantes con poco o nada, defendíamos como podíamos nuestras raíces y nuestra cultura. Tiempos en los que, sin saberlo, estábamos construyendo la marca España.

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Dedicado a mis amigos españoles de La Plaine Saint Denis.

@philgonzalez

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Leer interesante artículo (en francés) aquí

Fotos: Archivo fotográfico de Plaine-MémoireVivante

5 Comments

  1. Me he encantado el artículo Phil, un punto de vista muy personal que ejemplifica genial lo que quieres tranmitir. Todos los niños españoles de los 70 y 80 sabemos lo que era ser unos paquetes en todo y seguir orggullosos de lo que somos.

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    • Gracias Almu. Algún día, si me animo, escribo algo más sobre todo eso. Me alegro que te haya gustado. Abrazo

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  2. Querido Phil: Qué tiempos aquellos. Qué tiempos los tuyos, los míos… cuántas historias, cada uno en un país, pero haciendo básicamente lo mismo. Muy difícil lo que hicieron nuestros padres, cada uno en su nivel: abandonaron lo que tenían para buscar algo mejor y dártelo a ti y a mí. A tu hermano, a mi hermana… lucharon y nos enseñaron a resistir, a ser humildes y honestos, a ser ecuánimes y justos, a construir y ayudar a hacer una sociedad mejor, un país respirable…
    Jamás podré agradecer lo suficiente la educación que recibí de gente tan luchadora y tan íntegra. Les debo todo.
    ¡¡Y qué recuerdos de esa final en Saint Dennis!! Yo también estuve en tu barrio ese día. ¡¡3-0, jejeje!!

    Un abrazo y en La Latina tenemos dos cañas a la espera…

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  3. Simplemente emocionante Phil! Debo decir com és importantes esta cosas en nuestras vidas, la construcción de un carácter pasa por momentos vividos y momentos donde mas adelante se puede comprender lo vivido. Un gran abrazo, saudades!

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  4. … hoy además de hacerme sentir mayor motivo para estar orgullosa de conocerte, me has tocado el corazón. Un fuerte abrazo

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